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Hasta que el cuerpo aguante!!! — 35 semanas!!!

Sonia
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Parece una frase diseñada para quienes se van de fiesta por varios días, o a carnavalear en Barranquilla. Sin embargo, la frase me parece perfecta para describir mi embarazo.

Los primeros meses fueron horribles, náuseas y gastritis constantes, vomito a lo largo del día, sueño incontrolable, mareos, dolores de cabeza… “morning” sickness que duraba todo el día.

En los primeros dos meses baje de peso de tanto malestar, la comida no me pasaba, lo que llevo a que me recetaran un gran número de suplementos vitamínicos: vitaminas prenatales, vitamina B, inyecciones de complejo B al menos 1 vez al mes, magnesio, vitamina D, calcio, hierro, ácido fólico. Dieta especial para no subir mucho de peso durante el embarazo, chequeos con el ginecólogo, exámenes de sangre y ecografías cada 15 días durante el primer trimestre, para poder mantener todo bajo control y evitar un aborto espontaneo, los cuales aprendí, en embarazos múltiples son en extremo común.

En el segundo trimestre, el vómito y las náuseas fueron disminuyendo hasta desaparecer; la gastritis poco a poco cedió, y los malestares que me acompañaron todos los días a lo largo del primer trimestre fueron desapareciendo, dando paso a nuevos malestares que se quedarían hasta el final.

Todos los días fueron un reto, desde levantarme de la cama, hasta volver a ella e intentar dormir. Me dolían los músculos, los huesos, las articulaciones, el dolor era constante y no cedía, no lo aliviaba nada, me quedaba corta de aire incluso sentada, el dolor en las caderas fue aumentando a medida que la “panza” crecía, los calambres también fueron en aumento… siendo sincera, quería que terminara YA.

Pero, cada vez que uno de los bebes se movía, o se movían todos al tiempo, con cada ecografía en la que escuchaba sus corazoncitos, y lograba verlos mover, se me olvidaba lo miserable que me sentía, el hecho de no poder caminar de mi cama al baño sin marearme y quedarme sin aire, que la espalda parecía que se me estuviera partiendo en dos, que el calambre en las piernas y en las caderas me hacían llorar por horas, la hinchazón en manos y pies, el dolor en los talones y las rodillas, los dolores de cabeza, e incluso que solo había dormido 2 o 3 horas.

El cambio en mi cuerpo se hizo evidente a partir del segundo mes, cuando ya me era imposible entrar en mis pantalones de trabajo, mucho menos en mis “skinny jeans”!!! Los vestidos se convirtieron en mis mejores amigos, y las baletas y sandalias fueron desplazando mis tacones.

Para el tercer mes de embarazo estaba usando ropa de maternidad que la mayoría de las mujeres utiliza cuando está en el sexto mes. A pesar de las cremas y aceites recomendados para las estrías, poco a poco la piel fue cediendo, y las estrías a las que tanto les tememos, llegaron para quedarse (al menos por el momento). Fue en este mes que mi doctor, luego de una caída en mi lugar de trabajo, decidió incapacitarme, no porque hubiera complicaciones, hasta el momento el embarazo estaba bien, sino para evitar que estas complicaciones se presentaran.

Para el séptimo mes de embarazo parecía un dirigible!!!! Necesitaba ayuda para levantarme de la cama, en la ducha, desde hace varios meses, había una silla para poder bañarme, el calor era insoportable, me quedaba corta de aire con solo caminar de mi cama al baño, los dolores incrementaron, y apreció uno nuevo, el de la piel estirándose a dimensiones inimaginables. Poco a poco la piel alrededor del ombligo y la línea negra se fue adormeciendo, perdiendo sensibilidad.

Pero todo estaba bien!!! Para la semana 27 me recetaron Betametasona para madurar los pulmones de los niños, y nos preparamos para su llegada en cualquier momento.

El plan original era llegar al menos a la semana 27, y una vez superada esa etapa, evaluar semanalmente tanto mi estado de salud como el de los niños.

Fue aquí cuando volvieron las ecografías cada 15 días, los exámenes de sangre periódicos, y con cada cita, verificar el estado de los niños. Todo iba perfecto, los niños crecían dentro de los parámetros, mi presión estaba estable, al igual que mis niveles de azúcar.

En la semana 30, una noche de sábado mientras veía televisión con mi esposo, empecé a sentir molestias en “la panza”, sentía como se tensaba a ratos y me dolía. Esto ocurrió aproximadamente durante 1 hora antes que decidiera llamar a mi médico, quien de inmediato me dijo que llegara a la urgencia.

Una vez en la urgencia, empezaron a monitorear los latidos de los niños… tenia contracciones. Luego de 45 minutos de angustia, el ginecólogo de turno nos dio el diagnostico: Braxton Hicks, o contracciones de práctica. Estas son comunes en todos los embarazos, y no tiene ninguna consecuencia, es solo los músculos practicando para el día del parto, explico.

Sin embargo, por ser un embarazo de alto riesgo, tanto él como mi médico de cabecera coincidieron en que era mejor hospitalizarme al menos por una noche, para mantener todo bajo control. Al día siguiente, luego de unos exámenes, mi médico me dio el alta.

Volví a mi casa, a la rutina, a las ecografías quincenales, las cuales se hacían cada vez mas largas y complicadas, no solo por el tamaño de los niños, sino por la dificultad para mantenerme boca arriba por más de 5 minutos.

Y así fueron pasando las semanas, hasta llegar a la semana 35, en la que mi cuerpo no aguantó más, en la que la presión empezó a elevarse, y antes que se saliera de control el ginecólogo decidió programar la cesaría.

Durante las 35 semanas que duro mi embarazo no tuve mayores complicaciones, fue un embarazo perfecto, en especial dados los riesgos que un embarazo de trillizos implica, y por eso estoy increiblemente agradecida con el universo.


scnl84
Acerca del autor - scnl84

Abogada, mamá, escritora.

La liga de los múltiples